Hace unas semanas ya publicaba un cuento de Eloy Moreno, La estrellas de mar, un cuento que pertenece al libro Cuentos para entender el mundo y donde encontramos pequeños relatos con grandes moralejas.
El de hoy, también es un cuento de Moreno porque ¿cuántas veces nos han dicho que no podemos hacer algo? o cuántas veces nos han insistido con un: ¿por qué vas a hacer tal cosa, si es casi imposible conseguirlo? Incluso nosotros mismos podemos llegarnos a creer que realmente no podemos lograrlo.
Seguramente todos nos hemos enfrentado a alguien que nos ha persuadido con discursos de incapacidad y, cuando me ha pasado, he pensado que si hay alguien que lo ha conseguido ¿por qué yo no? El niño que pudo hacerlo es una historia que demuestra a la perfección que cuando se quiere, se puede, independientemente del reto o la edad.
Recuerdo que algunos profesores que tuve en el colegio me decían que no estudiara periodismo, qué era muy difícil ejercer la profesión. Incluso en la universidad escuché ese discurso más de una vez, y tengo que decir que la base fundamental de mi vida laboral ha sido y es el periodismo, que llevo ejerciéndolo ya casi diez años. Por este motivo me gustan mucho las historias de superación y la gente que lucha por conseguir lo que quiere y le planta cara a las palabras de cobardes acomodados que sueñan, pero no luchan.
Tengo que reconocer que la película de En busca de la felicidad no es de mis favoritas, pero sí lo es la capacidad de lucha que tiene el protagonista, por eso, para iniciar esta web, elegí una de las lecciones que Chris le da a su hijo: “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo por ellos mismos, te dirán que tú tampoco puedes hacerlo. ¿Quieres algo? Ve por ello y punto”.

‘La rana sorda’, una fantástica fábula sobre la autoestima
Un día un grupo de ranas caminaba por un bosque cuando dos de ellas cayeron en un pozo muy profundo. Las demás ranas se reunieron alrededor y vieron que no podían rescatarlas. ¡Era demasiado profundo!
Las dos ranas, movidas por un impulso de supervivencia, comenzaron a saltar, intentando salir del agujero, pero el resto de ranas les gritaban desde arriba:
– ¡No insistáis! ¡No podréis salir nunca! ¡Dejadlo!
Las dos ranas siguieron saltando, aunque una de ellas comenzó a desanimarse cada vez más…
– ¡No saltéis más! – gritaban aún más fuerte sus compañeras- ¡No podéis salir! ¡Asumid vuestro destino!
Las ranas gritaban y hacían gestos con los brazos para que las ranas se dejaran morir sin más. Y una de ellas, al final cedió y cayó al suelo, en donde al fin murió.
Sin embargo, la otra rana seguía saltando cada vez más, con más fuerza, con más intensidad… y en uno de sus grandes saltos, consiguió alcanzar el borde del agujero y salir al exterior.
Cómo consiguió la rana sorda alcanzar su meta
Las demás ranas la miraron boquiabiertas, sin saber qué decir. Estaban realmente sorprendidas de que aquella rana hubiera conseguido salir del agujero, a pesar de que todas le decían que lo dejara…
– ¿Cómo es que has conseguido salir?- le preguntó una de ellas- ¿No escuchabas cómo te decíamos que pararas?
Y la rana, se encogió de hombros, les hizo señas para explicar que era sorda, y les dijo con signos que quería darles las gracias por haber confiado en ella. La pobre rana sorda se pensaba que en lugar de decir que parara, le estaban dando ánimos para que consiguiera salir.
Moraleja: ‘Las palabras de motivación son como motores que te ayudan a conseguir un objetivo. Confía en ti y antes de derrumbarte, piensa en tus inmensas posibilidades para alcanzar la meta’.
En este caso la Rana era sorda, necesitamos nosotros hacer oídos sordos a esas palabras que nos desalientan a seguir trabajando por nuestros sueños, a conseguir metas.
Como docente de Educación Especial escucho todo el tiempo decir a los docentes de escuelas comunes que los niños con algún diagnostico no van a poder, no llegan a 7mo grado, no saben, no responden. Los escucho, pero les muestro que los estudiantes ¡si pueden! quizás no puedan al ritmo o al estilo del resto, pero si pueden.