Aprender a conocerse viviendo una experiencia única

Comerse el mundo, aprender idiomas, conocer otras culturas, descubrir nuevos rincones o simplemente vivir aventuras. Esta es la idea de muchos jóvenes que deciden dejar su país y adentrarse en otros, llevándose así una lección de vida. “Decidí irme a Inglaterra porque era consciente de que debía aprender inglés para ser una buena profesional del mundo de la comunicación. Barajé durante meses cuándo y cómo hacerlo y siempre acababa con la misma conclusión: la mejor forma de aprender inglés es hacerlo de una forma presencial donde conocería, no solo el idioma sino también una cultura y un país diferente del mío”, confiesa Alba Clemente, periodista. “Descubrí que algo había mal en el modo de vida que vivimos, y que tenía que existir algo más que trabajar y luchar para sobrevivir. En realidad, lo que hice fue alejarme de mi zona de confort para saber más de mí misma”, dice Sonia Rodríguez, diseñadora gráfica.

Alba vivió su experiencia en Inglaterra como au-pair. Un au-pair es una persona que presta sus servicios en una casa familiar con el cuidado de los niños a cambio de alojamiento, comida y un salario. “Me limité a cuidar de mi precioso Dexter, un niño que por aquel entonces tenía 6 años recién cumplidos. En mi tiempo libre iba a clases de inglés en Guildford College y me dediqué a viajar y conocer Inglaterra. Además, durante tres meses trabajé los fines de semana y algunos días libres en la conocida cadena de ropa Primark”.

Por su parte, Sonia decidió lanzarse a lo que se llama workaway, que en español se traduce como ‘trabajar fuera’. Marchó a la pequeña isla de Inishturk (Irlanda). “Mi workaway consistió en prestar mi ayuda a una señora mayor en el mantenimiento y limpieza de su B&B en una pequeña isla de 40 habitantes en el Oeste de Irlanda”. El ‘voluntario’, como se le denomina a la persona que realiza este tipo de proyecto, trabaja a cambio de alojamiento y comida por un máximo de cinco horas diarias. “A excepción de mi hermana, todos pensaban que me había vuelto loca: Cómo alguien como yo, diseñadora gráfica, que hace cortos de animación 3D como hobby, y le gusta ir de fiesta y de compras, se va a un sitio donde ni siquiera hay árboles debido a las condiciones meteorológicas… pero Inishturk es realmente tan bella como salvaje y dura. Nadie lo entendía”.

Los comienzos, sean donde sean, siempre con difíciles. Anatole France, escritor francés, dejó una frase para la posteridad que decía que “todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía”. Eso es lo que ambas sentían cuando decidieron marcharse lejos de sus raíces en busca de nuevas inquietudes. “Al principio fue un poco difícil, porque nunca había viajado sola y mi nivel de inglés (que se supone era bueno), una vez allí me di cuenta de que no sabía hablar en absoluto, así que descubrí el pésimo nivel de educación en idiomas”, declara Sonia. “En mi caso, – continúa Alba, – todo fue positivo, la familia se portó conmigo como una hija y la experiencia fue muy enriquecedora. Sí que es cierto que al final estás en un país que no es el tuyo, que la barrera del idioma te juega malas pasadas y que muchas veces deseas volverte al sol y calor de tu país, pero sin dudarlo ni un momento volvería a tomar aquella decisión”.

Au-pair vs workaway

La opción de Alba, au-pair, tiene límite de edad. Dependiendo del país, la persona debe tener no más de 26 o 30 años y casi siempre hay algo de remuneración por parte de la familia de acogida. En el caso del workaway no hay un límite de edad, todo aquel que quiera vivir la experiencia puede hacerlo independientemente de su edad y sus capacidades, además puede elegir el tipo de trabajo que quiere realizar. Las opciones van desde el cuidado de los hijos en una familia hasta prestar tu ayuda en una ONG, pasando por granjas ecológicas. “En el caso de los au-pair, todo empieza registrándote en la página de aupairworld y como si de una red social y de contactos se tratase, solo hay que enviar solicitudes a las familias. Yo tenía algo muy claro: quería una familia con dos hijos como máximo y ya creciditos, me daba bastante miedo que fueran pequeños y no supiera manejarlos. Encontré a los Rich en mi primera búsqueda (finales de mayo de 2015) y concerté con ellos una primera entrevista vía Skype. Durante varias semanas fijamos fechas para conocernos más y a mediados de junio de 2015 me dijeron que, tras varias entrevistas, yo era la candidata que más les había gustado. Dexter empezaba el colegio a primeros de septiembre, así que establecimos finales de agosto (concretamente el día 26) como fecha de mi llegada a Guildford”, dice Alba.

El proceso de contacto que tuvo Sonia con su anfitriona fue más o menos parecido: “La primera vez que entré en la web de workaway, metí mi perfil. Vi que había varias ofertas interesantes. Una de ellas era ir a Alaska para ayudar a la cría de cachorros. Otra era la opción de Irlanda (que fue la que primero contestó, y por ello fui), y la otra era en un establo al norte de Texas, para el cuidado y mantenimiento de los caballos. La primera que más me gustó fue sin duda la de Alaska, pero me contestaron diciendo que para esa temporada tenían completo el cupo de Helpers y debía esperar. En cuanto a las personas de Texas, nunca contestaron. Así que decidí contestar al email que me remitieron y en un mes, estaba de camino a Irlanda”.

Workaway, ¿experiencia o explotación?

El workaway se ha convertido en una forma barata de conocer mundo. Una experiencia más en la vida, pero que a veces puede convertirse en algo negativo. En agosto de 2016, el diario El Mundo publicaba un artículo sobre esta práctica en las Islas Baleares. En él, la directora general de Trabajo, Economía Social y Salud Laboral, Isabel Castro, afirmaba que el workaway “no es un trabajo colaborativo porque existe un lucro. En España esta práctica no es legal. Por mucho que los empleados accedan a estas condiciones, es obligatorio cumplir con la contratación, el convenio colectivo y el salario mínimo interprofesional”. A lo que añadía que “no sólo afecta al propio empleado, porque no tiene ningún derecho y respaldo, sino que perjudica también a otras empresas porque es competencia desleal”.

Por el contrario, a las declaraciones de Castro, Sonia, afirma que “es algo voluntario, es decir, si no estás a gusto, igual que llegas te vas. Por supuesto también depende mucho de las personas con quien convivas. Conocí a algunos otros helpers que habían tenido malas experiencias, por ejemplo, en el caso de una chica que cuidaba a una niña, la madre era alcohólica y se perdía, y había días que no volvía a casa, con lo cual el servicio de cuidar a la niña era 24h. Yo, personalmente debo decir que Mary Jo, la señora con la que conviví, era como mi propia abuela, y me levantaba cada mañana con ganas de hacer cosas para que ella estuviese más a gusto, poner bonito el jardín, arreglar las verjas, pintar, limpiar, subir a la compra, que está en el pico de una montaña… allí todo el mundo se ayuda entre sí”.

Una aventura, un aprendizaje

Las dos, que ya han regresado a España, echan la vista atrás y hacen balance: “Esta experiencia me hizo valorar más a mi familia, amigas y a mi novio. Me hizo conocerme más a mí misma, me hizo abrir los ojos a otra cultura y me ofreció la oportunidad de conocer a gente maravillosa”, confiesa Alba.

“Es la mejor experiencia que he vivido, – continúa Sonia, – y que me ha cambiado la percepción de las cosas. Me ha cambiado la vida, sin duda a mejor, y aunque en ocasiones no ha sido fácil, ahora me doy cuenta que estoy aquí de nuevo cerca de mi familia, con trabajo (sigo trabajando desde casa con mi empresa de Dublín) y compartiendo mi vida con una de las mejores personas que he conocido allí. Creo que es una estupenda opción a nivel educacional y emocional. Salir por unos meses fuera de casa, no para saber lo bueno que es vivir con mamá y papá ni para sufrir, sino para todo lo contrario: aprender sobre ti, sobre otro modo de vida, aprender a respetar, aprender que el dinero y la forma de vida que llevamos en las ciudades, no es la correcta… esa competitividad, el ser mejor por llevar mejor bolso o zapatos. El juzgar a las personas por el físico, o  medirlas según el trabajo que hagan. Esa es la forma en la que estamos viviendo, y esa es la manera donde los niños están creciendo: sobreprotegidos en un mundo banal y sin sentido donde no se experimenta el valor de la recompensa a cambio de ayudar a los demás y donde el respeto simplemente es nulo”.

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