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¿La muerta está viva?: El funeral

Entrar en el teatro de La Latina siempre me supone un honor y un gran respeto, ya que perteneció a una de las actrices que más he admirado y que tanto me hubiera gustado entrevistar, Lina Morgan (siempre digo que fue mi entrevista frustrada).
Desde el anfiteatro he visto esta vez El Funeral, con Concha Velasco como protagonista. Un lleno casi absoluto, en una obra escrita y dirigida por el hijo de la actriz, Manuel M. Velasco y que tiene un gran valor sentimental para ambos, ya que, además de unirlos por primera vez sobre las tablas de un escenario, es una obra escrita a petición de la intérprete.

La gran Velasco hace una entrada triunfal al escenario del teatro de La Latina dando vida a Lucrecia Conti, una gran actriz española que acaba de morir. Por el patio de butacas y de un blanco radiante cual espectro del más allá que asiste a su propio velatorio, Conti, sorprende con su presencia a sus nietas, Mayte y Ainhoa (Cristina Abad e Irene Soler), y a su sobrino Miguel (Emanuel Medina), que están velando su cuerpo. Más tarde, aparecerá en escena el representante de la difunta, Alberto Luján, personaje al que le da vida un impecable Jordi Rebellón, y que intentará sacar tajada de esta situación a toda costa.

La actuación de los actores es convincente, pese a los chistes malos y excesivamente simples del guion. Esta interpretación, se ve reforzada con una correcta dirección que va in crescendo a medida que el huracán y el caos de la trama se va sucediendo. En cuanto a la protagonista y estrella de la obra, Concha Velasco, me ha dado la impresión de que se sale de las líneas pautadas e improvisa a su antojo, en ocasiones dirigiéndose al público, cosa que la hace más cercana y agradable. Ella se lo puede permitir.

Con una puesta escena bien trabajada y bien distribuida, los efectos de luces y sonidos hacen sobresaltar, de vez en cuando, al espectador. A esto hay que sumarle un vestuario acertado: luto en los vivos, blanco en la muerta, que hacen un perfecto contraste de caracteres. La ambientación sonora puede llegar a estar alta, pero también es el ambiente que se quiere conseguir. Con lo que no consiguen nada es con los micrófonos en cada uno de los actores, que logran una acústica molesta, que mancha la escena y el lugar, que más parece la verbena del pueblo que el teatro de La Latina. Además, este añadido sonoro en un teatro, me resulta bastante chirriante siempre, pero más en una actriz como Concha Velasco, con buena proyección vocal y curtida en tablas. Apaga mucho su gran talento interpretativo.

En resumen, El Funeral es una obra sencilla, sin adornos ni flores, pero que, en algún punto, sorprende inesperadamente. El humor y la diversión del público es lo que se busca, pero el guion, flojo y cargado de chistes malos, no ayuda a que el público vibre de risa en sus butacas. Un guion que ni la gran Concha Velasco es capaz de levantar.

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