Libre

Hace unos pocos días se abría un debate en uno de mis grupos de WhatsApp sobre depilarse o no depilarse. Unos defendían la depilación a capa y espada, alegando que no llevarla a la práctica es sucio. Otros apoyaban el no quitarse los pelos: «los pelos tienen su función y protegen de infecciones», decían. Pero se depilan porque socialmente está estipulado así. Y aquí es donde quiero llegar, al «socialmente está estipulado así», con el microrrelato de hoy.

¿Cuántas cosas hacemos por seguir la norma? ¿Cuántas buenas caras ponemos para agradar a los demás sin pensar en lo poco que nos agrada personalmente? ¿Somos sinceros con nosotros mismos? El qué dirán sigue muy instaurado en nuestra sociedad, por eso adoptamos ciertos roles: por compromiso, por quedar bien o por estar a la altura de lo que se espera de cada uno. Nos sorprendemos cuando alguien no tiene la red social de turno o juzgamos cuando alguien ha decidido no ir a una boda porque no se considera invitado, sino obligado a pagarle a los novios la fiesta.

En esta era en la que estamos asumiendo que la salud mental es más importante de lo que pensamos, todavía nos cuesta decir que no y no aceptamos el no ajeno. «No me apetece salir de fiesta», «no quiero ir a este lugar», «no tengo ganas de quedar hoy con los amigos». ¿Cuántas veces hemos dicho que sí cuando realmente queremos decir que no? Quizá por miedo a no ser aceptados, por evitar un «disgusto» a otra persona o por evitar un conflicto. ¿Somos libres de tomar nuestras propias decisiones? ¿Dejamos que los demás las tomen sin juzgarlos?

La protagonista del microrrelato de hoy nunca lleva dos zapatos iguales y sabe decir que no cuando no le apetece un plan, cuando no quiere algo… es libre.

En la cafetera no echas café, echas cacao y bebida de avena. Nunca llevas dos zapatos iguales, tampoco tus pendientes son iguales. Tu pelo cambia de color según la época del año y dices no cuando realmente quieres decir no. No tienes redes sociales ¡ni siquiera móvil!, tan solo una dirección postal y un teléfono de cable rizado que fue de tu abuela. No eres rara, eres libre. 

5 comentarios en “Libre”

  1. Por partes, hace ya unos meses que mi máxima es no hacer cosas que no me apetecen hacer, eso al parecer les sonó raro e incomprensible a algunos de mis amigos cuando decidí dejar de jugar al pádel con ellos tres veces en semana porque ya no disfrutaba como antes. Ahora no hay reunión de amigos en la que no me pregunten ¿si te apetece claro? con un fuerte tono irónico cuando hablamos de hacer algún plan.

    En cuando a depilarse, por primera vez me afeité las piernas el otro día y descubrir que bajo mi fiel capa de pelo yacía una piel blanca, lloré. Pero si hablamos de higiene la pregunta real es, ¿circuncidado o no? yo soy del equipo si y una de sus varias ventajas es que es más higiénico.

    Saludos.

  2. Mira, menos mal que leo lo de «juzgamos cuando alguien ha decidido no ir a una boda porque no se considera invitado, sino obligado a pagarle a los novios la fiesta». Estoy hasta las narices de ir a bodas y gastarme unos 300-400€ de media. Empiezas con una despedida, vestido, zapatos, peluquería y el regalito en metálico para los novios, que ronda unos 150€. ¿Qué te quieres casar? Me parece perfecto, pero no me invites a pagar el capricho de montar la fiesta de tu vida.

    No me parece justo el bucle social en el que hemos entrado. Montar ese show es una elección personal y no se tiene que obligar a nadie a pagarlo. Si no pagas o pagas menos de lo que está estipulado te critican, te juzgan, te señalan. He dejado de ir a bodas porque me parece de vergüenza y no estoy dispuesta a seguir formando parte de ello. Ya no me corto en decirlo y me he creado varias enesmistades por ello, pero siempre me consuelo diciendo: me compré un piso y nadie, absolutamente nadie me ha regalado ni una triste planta para el salón, ¿tengo yo que pagar una inversión matrimonial?

    Ni decir tienen la invitaciones en las que te ponen el número de cuenta: es la manera más descarada que tienen de decirte que por ir, que porque te «invitan», les tienes que pagar. No me entra en la cabeza.

    ¡Gracias por abrir el melón! Te leo de cerca. Un abrazo.

  3. Muy acertado el relato.
    Mejor nos iría y a la sociedad , sí expresamos nuestros deseos tal cuales son y el decir NO en ocasiones sería una gran ayuda .

  4. A mí lo que me molesta mucho es que la gente no acepte un no por respuesta y dar explicaciones de por qué dices no. Quiero poder decir «no porque no me sale de las pelotas» y que luego no me retiren la palabra.

  5. El relato de esta semana más que una expresión literaria es una expresión reivindicativa sobre conductas ya establecidas. Lo importante es sentirse bien consigo mismo tanto con tu aspecto físico como con tus comportamientos. Mientras no molestemos y respetemos todo y todos los que nos rodean, podemos hacer lo que queramos pero no juzguemos alegremente a la sociedad pues la sociedad somos nosotros.

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