Nos vemos en el Teatro Reina Victoria

Tendría yo unos siete u ocho años cuando hice la primera obra de teatro. No recuerdo el argumento, solo recuerdo que el protagonista era un pájaro y que yo quería ese papel, obvio. Fue en el colegio. Segundo de EGB. Enriqueta, la profesora, metió papeles con los personajes en una caja y cada uno debíamos coger el nuestro sin mirar. El éxito a la deriva de nuestras pequeñas manos inocentes. La mía, más que inocente, fue puñetera porque el papel que salió de aquella caja fue el de la portadora del nombre de la obra. Sí, mi primer papel en teatro fue enseñar el título de la función, como las azafatas de los combates de boxeo, como en la tele el que saca el cartel de «aplausos». Aquella era yo. Me enfadé, por supuesto, porque además, el papel de la protagonista le tocó a la que por aquellos entonces era mi mejor amiga. Tuve que asumir mi fracaso con dignidad.

Más tarde, me cambiaron de colegio, no porque no triunfara la actriz que llevo dentro, sino porque nos mudamos de casa y el nuevo quedaba más cerca. Me apuntaron a las clases extraescolares de teatro y la obra que íbamos a preparar era Alicia en el país de las maravillas. Yo quería ser Alicia, obvio. Acabé interpretando al Conejo Blanco. Me pasaba toda la representación corriendo de esquina a esquina diciendo «me voy, me voy, me voy». Después hice cosas un poco más curiosas: fui una bruja, una señora con rulos que cotilleaba por la ventana de su casa, un pescador aburrido, etc…

Tuve la suerte de estudiar en el IES San Isidro, un instituto que tenía una compañía teatral con largo recorrido. Un grupo que se tomaba muy en serio eso de subirse a las tablas. Tuvimos la oportunidad de hacer grandes obras de Jardiel Poncela o Shakespeare. Teníamos unos decorados muy elaborados y hasta nos hacían vestuario si era necesario. Allí pude vivir de verdad la vida del teatro, aprender cada día, soñar y disfrutar de lo que realmente me gustaba. Al llegar la universidad me olvidé por completo de jugar a ser actriz. ¡Hasta dejé de ir al teatro! Me enfadé con él porque yo quería estar ahí. La vida…

El tiempo pasó y me di cuenta de que no podemos huir de nosotros mismos. Que por más que nos empeñemos, la cabra tira al monte y punto. Volví al teatro, volví a clase, volví y empecé a formarme en interpretación y artes escénicas. Y ahora he tenido la oportunidad de entrar en una compañía de teatro profesional. Teatro del Corso me abrió las puertas en septiembre, y en octubre comenzamos con los ensayos de Los Figurantes, un texto de José Sanchís Sinisterra y bajo la dirección de Delfín Estévez y María José Gil. Estrenamos la obra el próximo 15 de enero, así pues, estoy encantada de gritarle al mundo que ¡nos vemos cada domingo en el Teatro Reina Victoria! Las entradas ya están a la venta.

 

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1 comentario en “Nos vemos en el Teatro Reina Victoria”

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