Entre bambalinas y a telón bajado

Cuando era pequeña y me tocaba soplar las velas de la tarta, mi deseo siempre era el mismo: “actuar en uno de los grandes teatros de Madrid”. Con el paso del tiempo ese deseo se apagó con cada vela que soplaba. Los caminos que fui cogiendo me llevaron a olvidar lo que realmente me hacía feliz. Hasta que un día me di cuenta de que no podemos darle la espalda a nuestros sentimientos, a nuestra felicidad. Que vivir en un “qué hubiera pasado” solo te genera frustración, que en esta vida todo tiene solución menos la muerte y que nunca es tarde si la dicha es buena.

Apenas llevaba una semana en Madrid después de mis vacaciones de verano cuando Delfín Estévez me dio la oportunidad de meterte en la piel de la Dama 6º, o Jacinta.  Me contó el proyecto se me pusieron los pelos de punta. Prometí entonces amar y respetar a mi personaje por encima de todas las cosas. Me subí al tren con miedo, mucho miedo. Yo llegaba de novata a una compañía ya formada, con una obra montada y con diecisiete actores y actrices que llevaban tiempo trabajando juntos. Aquel primer día sentí un vértigo tremendo, pero las manos de aquellas diecisiete personas hicieron que todo fuera más fácil y empecé a conocer, no a actores y actrices, sino a un gran equipo, a personas maravillosas que hacen que todo sea más fácil. ¡Gracias, compañeros!

Después de cuatro meses de trabajo, de ensayos, de prueba y error, de temores y de inseguridades, el domingo pasado aterrizamos con Los Figurantes, de José Sanchis Sinisterra, en el Teatro Reina Victoria con emoción, nervios, incertidumbre y miedo, pero con la ilusión de que el público quede contento con el proyecto que hemos creado.

El día del estreno es el más crítico de todos: no sabes cómo va a reaccionar el espectador, un hormigueo tu cuerpo con cada respiración, sudas, sudas mucho, y cuando escuchas eso de «faltan tres minutos para comenzar la representación», tu corazón coge unos ritmos raudos y más lo notas en la garganta que en el pecho. Atraviesas el escenario tras el telón escuchando el murmullo de la gente sentándose en el patio de butacas, respiras, masticas el texto, abrazas a los compañeros. Te colocas el traje, intentas que el pelo no se vaya a la cara. Repasas las entradas y las salidas, por dónde vas, por dónde te mueves, cuáles son tus marcas. Y cuando se acerca tu pie, preparas una pierna delante y otra detrás y respiras hondo para pisar con fuerza el escenario. Lo que viene después es muy difícil de explicar porque durante una hora y media dejas de ser tú para meterte en la piel de otra persona. Y cuando cae el telón todo parece aflojarse y lloras, lloras de felicidad, porque de felicidad también se llora y son la lágrimas más bonitas del mundo.

 

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1 comentario en “Entre bambalinas y a telón bajado”

  1. ¡Como me alegro que hayas llegado a realizar tu sueño! seguro que no será el último. Lo que se hace con la cabeza y el corazón siempre tiene bonitos resulrados.
    Desde aquí te ánimo a que sigas preparándote y deseo que tengáis mucho, mucho éxito con la obra de teatro «Los Figurantes» y te prometo ir a verte lo antes posible.

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